Archivo Municipal

El archivo municipal

Talavera de la Reina, notas históricas.

Talavera de la Reina está situada en el Noroeste de la provincia de Toledo, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Ocupa un punto estratégico en el valle medio del Tajo, en una extensa y fértil vega que ha definido la propia fisionomía de la ciudad y la de sus habitantes. Su localización natural en un eje de comunicaciones Norte-Sur y Este-Oeste ha articulado la ciudad en torno al mismo, recibiendo y aportando, al tiempo, influencias de todas las comarcas inmediatas. Cabecera de una amplia región natural de la que merece destacar por su entorno paisajístico, por su historia, etnografía y por su potencial turístico las comarcas de La Jara, la Sierra de San Vicente o el Campo de Arañuelo.

Aunque desde la prehistoria se constata la ocupación de este amplio espacio en la vega tagana, debemos situarnos en el momento histórico de su ocupación por los pueblos célticos que nos han dejado su huella arqueológica. Así nos ha quedado el testimonio de la cultura de los Dólmenes, la de los Verracos -cuya muestra más sobresaliente es la existencia de cinco esculturas zoomorfas en su término municipal-, las influencias de la Edad del Hierro II, atestiguadas en el inmediato yacimiento del arroyo Manzanas o la hibridación de los pueblos lusitano y vettón.

 La ciudad se construyó sobre el espigón natural formado por la confluencia del arroyo de La Portiña con el río Tajo. Seguramente sobre una ocupación prerromana anterior. Pero fueron los romanos, plenamente conscientes de su estratégica localización natural, los que potenciaron el desarrollo de esta amplia comarca natural. Talavera era una urbe pujante en el siglo I después de Cristo bajo el nombre de Cesaróbriga. No en vano nuestra ciudad cuenta con el mayor corpus de epigrafía latina de la provincia. A ello que hay que añadir los recientes descubrimientos arqueológicos al sur de la ciudad donde, entre otras construcciones y objetos, han aparecido restos de termas y una representación de Hércules en bronce datado en torno al siglo III.

Los visigodos, pueblo denominado bárbaro pero asimilado por la cultura hispanorromana, dejaron su impronta y ocuparon el estrato superior de los romanos. El ejemplo más claro es la Villa del Saucedo a unos kilómetros de la ciudad; aunque son numerosos los testimonios dejados en entornos arqueológicos similares en sus cercanías. Durante el reinado de Wamba se creó un obispado dependiente del Metropolitano de Mérida, en un paraje próximo denominado Aquis, donde estaría enterrado San Pimenio.

Conquistada la península por los musulmanes, Talavera se constituyó en uno de los “iqlim” más importantes de la Marca Media y fue cabecera de puente para acceder a la Submeseta Norte. La Talabira musulmana se fortificó hasta tal punto, que sus murallas eran alabadas por los propios viajeros árabes por ser de las más altas y mejor construidas de todo el islam hispano. Sobre la prosperidad de sus habitantes y la feracidad de sus huertas no existe la menor duda a tenor de las fuentes hispanoárabes. Abd al-Rhaman III mandó construir la alcazaba entre el 936-937 y reforzar sus murallas. En este mismo sitio descansaría Almanzor en su regreso a Córdoba tras la campaña contra Galicia. Talavera fue objeto de especial atención por los reyes árabes, tanto por su localización como por su fidelidad, y estuvo en el punto de mira constante con motivo de las disputas civiles entre musulmanes.

Alfonso VI la conquistó en 1083 y ya no volvería nunca más al dominio de los árabes, aunque la frontera no se estabilizaría hasta la famosa batalla de Las Navas de Tolosa en 1212. Desde este momento se fue conformando el territorio del que sería su cabecera. Los distintos reyes cristianos determinaron sus límites y donaron numerosas dehesas que conformarían su extenso alfoz. Los límites quedaban establecidos por el río Guadyerbas al norte, el Guadiana al sur, por el este desde el arroyo de Salinas y los límites con Santa Olalla hasta el río Ibor por el oeste.

Los cristianos reforzaron el primer recinto amurallado -conocido como el cuerpo de la villa- incorporando 47 torres albarranas, auténtico ejemplo de la arquitectura militar cristiana de la Edad Media. Tres puertas daban acceso a esta primera cerca, la del Río, la de San Pedro y la de Mérida. Posteriormente se añadió un segundo y tercer cinturón de murallas, menos fuerte, que coincidían con los denominados Arrabales Mayores y Arrabales Menores. Ambas debieron estar finalizadas en el siglo XIII. Para comunicar la villa con el exterior se construyeron dos puentes, uno sobre el Tajo, cuyo fundamento es en buena parte romano, y otro sobre el río Alberche, al oeste, eje primordial del camino de Madrid a Extremadura. Tanto el uno como el otro eran vitales, además, para el paso de la cabaña mesteña hacia los invernaderos de Extremadura y Andalucía.

La ciudad fue testigo de las disputas civiles castellanas de la Baja Edad Media. El testimonio más vivo de esta época fue la concesión, por Sancho IV en 1294, de un privilegio para celebrar una feria de ganados por San Andrés. Además, el escudo de Talavera porta en sus armas una torre albarrana con dos vacunos en su base. También de esta etapa es la creación de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, la policía rural más antigua de Europa que estuvo vigente entre 1300 y 1834, cuyas funciones fueron la persecución de los delitos cometidos en despoblado, y la lucha contra los bandidos y malhechores.

En el entramado urbano medieval se ubicaron las principales iglesias y edificios religiosos. La Colegiata de Santa María, consagrada como tal en 1211, Santiago el Nuevo, monumento nacional, El Salvador con un precioso ábside del mudéjar. De los conventos masculinos y femeninos merece destacar el de los jerónimos, con su imponente iglesia; el de San Benito, el más antiguo; el de la Compañía de Jesús, hoy teatro municipal. Además de los de El Carmen, Bernardas, Carmelitas Descalzas, etc. Entre los edificios civiles sobresalen el palacio de los marqueses de Villatoya, el Antiguo Ayuntamiento, El Hospital Municipal, el palacio de los Condes de la Oliva, el de los Cerdanes, hoy nuevo ayuntamiento, y algunas casas solariegas que se remontan al siglo XVI, con sus característicos patios porticados.

Es considerado, el siglo XVI, como el “Siglo de Oro” talaverano. Ilustres personajes como el jesuita Juan de Mariana, el agrónomo Gabriel Alonso de Herrera, el conquistador Francisco de Aguirre o el naturalizado Fernando de Rojas representan este florecimiento. Destaca de este momento la producción cerámica de vajillas y azulejería, que el mismo Felipe II incorporó en su ajuar y palacios, y se exportaban a América y a Europa. Hoy sigue siendo uno de los signos de identidad de la ciudad. Su tradición y evolución la podemos seguir en la Basílica de la Virgen del Prado y en el Museo de Cerámica “Ruiz de Luna”.

Por nuestra ciudad pasaron o estuvieron hospedados casi todos los reyes castellanos y posteriormente los Austrias y Borbones. Uno de los más asiduos visitantes a nuestra ciudad, por diversos motivos, fue Felipe V. También en el siglo XVIII se fundaron la Reales Fábricas de Tejido de Oro y Plata, bajo el patrocinio real de Fernando VI. Los delicados tejidos salidos de sus telares pasearon el nombre de Talavera por España y Europa. Eran especialmente apreciados en la Corte de Madrid. Las reales fábricas estuvieron en funcionamiento entre 1748 y 1851.

El siglo XIX fue tan convulso como en el resto de España. La Guerra de la Independencia tuvo aquí uno de los principales escenarios, pues fue tomada la ciudad en varias ocasiones por los franceses. Éstos destruyeron una buena parte del patrimonio monumental y documental de nuestros conventos e iglesias, llegaron a dinamitar más de 500 casas y a derramar por sus calles cientos de miles de litros de vino y aceite almacenados en las bodegas de sus vecinos. En julio de 1809 tuvo lugar la famosa Batalla de Talavera, conmemorada en un espectacular monumento. El primer pronunciamiento del movimiento carlista tuvo lugar en esta villa, sus cabecillas fueron fusilados. 1876 señala un nuevo momento para la ciudad, pues Alfonso XII inauguraría la llegada de ferrocarril, incorporándose aquella a la modernidad. Pero el punto del despegue urbanístico y demográfico de Talavera tendría lugar tras la desastrosa Guerra Civil. Se realizó el plan de regadíos del Alberche que supuso la conversión de la vega tagana en regadíos. Un tropel de gentes de las comarcas inmediatas acudió a ponerlo en explotación. En unos años la población se duplicó y hoy es todavía la segunda ciudad más populosa de Castilla-La Mancha.

De entre las fiestas que se celebran hay que destacar la de Mondas, cuyas raíces paganas se remontan a la época romana en un ritual de veneración a la diosa Ceres, aunque históricamente conocemos su celebración al menos desde el siglo XV. Un colorido cortejo recorre las calles de la ciudad para terminar, con el intercambio de bastones, en la Basílica del Prado. Destacar el célebre carrito de mondas, adornado de vistosas plantas aromáticas y tirado por dos carneros. Se celebra esta festividad el domingo siguiente al de la Pascua y está declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde el uno de marzo de 1983. Otras fiestas de gran tradición son las ferias, con una antigüedad de más de 700 años. Las más importantes son las de mayo, que se celebran por San Isidro y en septiembre tienen lugar las de San Mateo, tanto uno como otra se asientan sobre una gran tradición ganadera que hoy sigue plenamente vigente.

 

El Archivo Municipal de Talavera

El Archivo Municipal de Talavera de la Reina constituye la memoria viva de la ciudad, de sus tiempos pretéritos, presentes y futuros.

Al mismo tiempo la vinculación de Talavera con las comarcas próximas a ella como El Horcajo de Santa María, El Berrocal, La Vega y, sobre todo, La Jara, un gran y extensa comarca al sur del Tajo. 

Todas dependieron jurídica, histórica y administrativamente del regimiento talaverano, al menos desde el medievo y hasta el siglo XIX, lo que convierten a nuestro archivo municipal en el lugar de consulta obligada para el estudio, la investigación y conocimiento de ellas. 
El archivo se encuentra físicamente ubicado en el propio edificio del Ayuntamiento, en su planta baja y junto a las demás oficinas municipales. Las instalaciones ocupan una superficie de unos 500 m² que incluyen dos depósitos, la oficina y la sala de investigación.